22 septiembre 2013

Escucha tu voz interior



No importa donde estés
ni lo que te digan que debes hacer
siempre que tengas una duda
descansa un momento y escucha
lo que te dice tu voz interior.

No te apresures en tu camino
ni sigas los pasos de otros
siéntate y descansa un momento
y escucha tu voz interior.

Esta es la voz que te busca y guía
el mejor consejo que puedes escuchar
trae pureza a tus sentimientos
y te da la libertad de ser realmente
la persona que quieres ser.

Todas las respuestas que buscas 
las tienes contenidas
en tu limpia y pura voz interior.

Hacemos una vasija 
de un pedazo de arcilla
y es el espacio vacío
el interior de la vasija
lo que la hace útil.

Hacemos puertas 
y ventanas para una estancia
y son esos espacios vacíos los
que la hacen habitable.

Lo tangible posee distintas cualidades
y es lo intangible lo que lo hace útil.

Lao-Tsé

18 agosto 2013

Los Verdaderos Amigos


Los verdaderos amigos
se conservan en el corazón.

Un amigo es alguien que escucha
sin juzgar si estás o no equivocado,
si eres bueno o malo,
y te ayuda a definir
tus pensamientos y a orientarte.

Cuando te criticas a ti mismo,
un amigo te recuerda todo lo bueno
que hay en ti y que quizás has olvidado.

Cuando compartes con un amigo,
las decisiones son más fáciles
y los problemas pierden importancia...

Un amigo te da el precioso regalo del tiempo:
tiempo para compartir, analizar nuevas ideas
y reflexionar sobre las viejas.

No importa cuanto tiempo pasen juntos,
descubres en ti nuevas dimensiones
gracias al nexo y al espejo de la amistad.

Un amigo te quiere por lo que eres,
no por lo que haces.

Cuando así te aceptan,
puedes fijarte metas más altas,
esforzarte más y lograr mucho más.

A través de una estrecha amistad,
aprendes el arte de dar.
Creces, te haces más generoso,
sientes más profundamente
y tu ayuda es más eficaz.

Al ver la felicidad que propicias en otros
te sientes más satisfecho
y aumentas tu capacidad de amar.

Dondequiera que vayas en la vida,
no importa la etapa o lugar que alcances,
un amigo que ha entrado en tu alma
nunca te abandonará,
guiándote con cariño,
siguiéndote con fidelidad
y caminando por siempre a tu lado.

07 mayo 2013

Las Consecuencias del Karma



Hace miles de años, había una vez una mujer que nunca perdía nada y así lo hacía conocer a los demás, afirmando: – La verdad es que yo nunca pierdo nada. Y esa es la verdad.

El hijo de esta mujer estaba un poco harto de escuchar la misma aseveración de su madre, sobre todo cuando él, que era muy distraído, perdía muchas cosas. La madre le repetía constantemente: – Hijo, sé más atento. Yo no pierdo nada; nunca pierdo nada. El hijo pensó: “Si mi madre alguna vez perdiera algo no tendría que estar siempre escuchando que no pierde nada”.


Entonces cogió un anillo de oro de la madre y un día lo tiró a las aguas de un río. Satisfecho se dijo: “Cuando mi madre descubra que ha perdido el anillo, ya nunca podrá volver a decirme que no pierde nada. ¡Menos mal!” Unos días después, la mujer, que seguía fielmente las enseñanzas de Buda, invitó a comer a algunos de los discípulos del Iluminado. Antes había mandado a uno de sus criados a pescar al río.


Cuando empezaron a comer descubrieron, al abrir uno de los peces, que allí estaba un anillo, que era, obviamente, el de la dueña de la casa. La mujer entonces dijo: -Yo no pierdo nada; nunca pierdo nada. Cuando los discípulos comieron y se dispusieron a regresar junto al Buda, el hijo de la dueña de la casa insistió en acompañarlos. Quería hacer una pregunta al Maestro. Ante el Buda, el joven comentó: – Señor, mi madre nunca pierde nada. Estoy intrigado, porque cómo es posible que una persona en toda su vida jamás pierda nada. Yo, en cambio, me paso los días perdiendo cosas.


El Bienaventurado sonrió. Habló así: – Todo tiene su razón de ser, amigo mío. Hoy vas a descubrir quién era tu madre en una anterior existencia. Ella vivía en un pequeño pueblo en las montañas. Era ya una mujer anciana y muy pobre, cuando los habitantes de la zona, al llegar el crudo invierno, decidieron ir al valle para no tener que soportar tan inclementes temperaturas. Pero la mujer tuvo que quedarse allí y se refugió en la cueva de un asceta. Le dejaron a su cuidado las escasas posesiones que cada uno tenía y ella durante los meses de invierno las custodió cuidadosamente. Cuando volvieron las gentes, les dio a cada uno lo suyo. Por tales acciones le ha correspondido a esa mujer, en esta vida tu madre, no perder nunca nada.


"A las causas siguen sus efectos, a las acciones sus reacciones, a los actos sus consecuencias"


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